En La laguna de las mariposas rojas el paisaje natural se tranforma en un territorio inseguro, hostíl e inestable donde converge el mundo de la lógica y lo irracional. El paisaje confunde, invita y a la vez expulsa en una confrontación constante entre el territorio, los cuerpos y las estructuras.
En medio de la representación de este espacio de carácter siniestro y caótico, aparece en contrapaposición la presencia de un cuerpo que condensa el paisaje a un extremo de su estructura pudiendo yuxtaponerse a la imagen de un ave carroñera que se mantiene patas arriba colgando de una rama, o dando continuidad al paisaje tras lo que queda oculto por el agua y el vacío.